Esta semana hemos vivido la última polémica sobre las “feminazis”. Estoy deseando surja la siguiente. El viernes pasado un grupo de feministas se plantaron delante de un teatro para tratar de impedir se representara el espectáculo de Jorge Cremades, un humorista que algunas activistas consideraban machista. Al final ganó la libertad de expresión, vino la policía, organizó el acceso y la función se celebró con éxito. Ninguna activista fue detenida.

Las webs de opinión echaron humo con muchas voces críticas, en esta ocasión contra las feministas. “Os estáis pasando un huevo”. “Sois la nueva Santa Inquisición”. Sinceramente, estoy a favor de que un grupo de mujeres, cuando les apetezca, vayan a manifestarse contra cualquier espectáculo que les apetezca. Dios mío: qué bello y justo me parece ver a las mujeres luchando por lo que creen, en lugar de estar metidas en la cocina y sin poder hablar cuando el hombre de la casa alza la voz. Eso lo vi con mis propios ojos, de niño. Con mis ojos de adulto veo otra cosa: mujeres gritando ante un teatro: sin emplear la violencia. ¿Que hay de malo? ¿Son terroristas? ¿Mataron o golpearon a alguien? ¿Por qué os dan tanto miedo las pancartas? ¿Por qué si 60 personas se ponen a gritar la misma frase lo consideráis acoso? ¿Raptaron a Cremades y al día siguiente les llegó su oreja metida en un sobre a los familiares? ¿Impidieron se celebrara el acto? ¿Tiraron piedras a la cabeza a los policías cuando las llamaron al orden? ¿Por qué le da miedo a la gente que opinen mediante gritos en la calle que el espectáculo que van a ver lo consideran machista? Si un día me entero que en mi barrio van a representar una obra de teatro que hace apología, en mi opinión, a la pedofilia y estoy totalmente convencido de ello… ¿tengo que quedarme en casa callado por miedo a estar equivocado? ¿Por qué no puedo salir a gritar y a cantar contra algo? ¿Te molesta mi voz? ¿Eres consciente de que elegiste vivir en una ciudad y no en un monasterio? Si no te quedas en la superficie verás lo bello y constructivo del asunto… los espectadores que fueron a ver el show de Cremades regresaron a casa con dos espectáculos por el precio de uno, además de con algo que pensar en la cabeza… “¿Hay algo que esté haciendo mal?”. Y las feministas que fueron a manifestarse también volvieron a casa con una duda en la cabeza: “¿Está bien que haya tratado que ese espectáculo legal no se celebrara?”.

Esas chicas no son la nueva Santa Inquisición. No queman a nadie. No torturaron a nadie. No lograron acabar con la libertad artística de otra persona. Esas mujeres tienen derecho a montar el pollo si quieren. Mucho mejor para la mente y el cuerpo salir a luchar por lo que creen que quedarse en casa viendo el fútbol. Amo a la mujer. Amo al hombre. Me gusta verlos fluir, sin miedo, arrogantes, valientes. Yo lo hago. ¡Que griten, que canten, que se desnuden ante un político o ante una iglesia! ¡Que se expresen! ¿Qué miedo hay mientras no haya violencia? ¿Eres alérgico a las pinturas con las que se escriben cosas en los pechos? ¿Voy a mirar hacia otro lado cuando se desnudan y gritan? ¡Es un espectáculo de libertad hermosísimo!




Las feministas tienen derecho de tratar de educarnos a los hombres: conseguir que nos pensemos un par de veces las cosas antes de decirles cualquier cosa. Yo soy machista: soy consciente que vivo en un estado patriarcal, que tengo un montón de privilegios sobre las mujeres. Soy machista no porque pegue, acose o agreda verbalmente a las mujeres (antes me corto la lengua). Soy machista porque por mi cabeza pasan cada día cientos de pensamientos machistas por culpa de la educación que he mamado desde que era niño. Pero gracias a tantas denuncias que leo en la prensa, a tantas conversaciones sobre el tema, han conseguido reeducarme: aumento la precaución, vigilo dejar de estar podrido por dentro. La verdad es que me siento mucho mejor desde entonces. Me gusta el hombre que soy ahora gracias a lo pesada que se pusieron las “feminazis”(bueno, me queda mucho que mejorar en algunas cosas, pero estoy en ello). Todo esto no me impide que, como autor, siga escribiendo en mis libros lo que me apetece cuando me apetece (y que es bastante complicado de entender por algunas personas).

Al principio pensaba que tanto artículo de, por ejemplo, Barbijaputa y compañía no hacían más que fomentar la guerra entre sexos. Que nos separaban más que unían. Al final me he dado cuenta que no hay que tener fobia a tanto artículo machacón, a tanto “compañeros y compañeras”. Sólo es gente tratando de expresarse, de acabar con una lacra que angustia, martiriza y hace infeliz a los humanos ¿Que hay de malo? ¿Por qué molesta tanto eso algunos hombres? Si quisiera callar esas bocas repetitivas de los diarios yo sería igual que las activistas que pretendían callar la boca a Jorge Cremades. Estoy en mi derecho de no apoyar y hasta criticar a Barbijaputa (porque no me gusta la gente que se hace ver como valiente y no muestra su cara), pero no tengo ningún derecho a callarle la boca, más cuando su labor es buena para la sociedad.

Hay muchas mujeres al borde un ataque de nervios. Normal. Son muchos años tragando. Mientras ninguna emplee la violencia o la mentira, estoy en su bando.




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